Don Alfonso

Alcómica Ediciones 17:03




"El Viejo Pirquinero... Recorre la pampa salitrera buscando riquezas. Nadie es capaz de dar órdenes a este indómito guerrero del desierto. El honor puede esperar si promesas de tesoros inigualables se presentan en su camino. Un viejo mañoso y solitario, agresivo y profundamente codicioso... Corvo y picota son sus armas... Solo piensa en si mismo... Hasta que el resplandor del sol se cruza en su camino..."

Don Alfonso (1833 - ???) es un misterioso anciano pirquinero y vagabundo.




Atención
A partir de este punto, la información puede contener potenciales adelantos sobre eventos que quizás aún no descubres. Antes de leer, asegúrate de estar al día con los últimos episodios de "Emisario del Sol".

Historia - Infancia y Juventud (1833 - 1852)

Infancia (1833 - 1851) 

Alfonso González nació en La Serena en el año 1833. Proveniente de una familia mestiza sumamente humilde. Nieto ilegítimo de un soldado español que llegó al continente en 1743 desde Andalucía, con el fin de hacer carrera militar y mejorar su pasar en las colonias americanas. Alfonso, fue un muchacho sumamente rudo durante toda su infancia. Al criarse en el bajo mundo desarrolló a temprana edad un carácter fuerte y aguerrido. Siempre supo defenderse solo y sorteó muchos peligros antes de cumplir la decena.

María del Carmen, su madre, se dedicaba a la servidumbre en una casa patronal, por lo que los recursos no eran de lo más abundantes en su familia. Su infancia la vivió compartiendo con gente del bajo pueblo y creció con otros niños como él. Ahora bien, algunos años antes de su nacimiento, su padre Emilio González (que originalmente se desempeñaba como albañil), fue alistado forzosamente en los ejércitos que combatirían en la Guerra de Independencia, y aunque resulte difícil de creer, el hombre sobrevivió y luchó aguerridamente contra los ejércitos realistas. Siete años más tarde del fin de la guerra, Alfonso vendría al mundo.

Al parecer la beta guerrera era muy fuerte en su familia y cuando Alfonso cumplió 6 años ya recibía algunas lecciones de pelea con su padre, por lo que se volvió uno de los muchachos más temidos de la ciudad.

Hacia 1825 se descubre cerca de La Serena el Mineral de Arqueros, cuya cantidad de plata permitió que poco a poco la ciudad comenzara a crecer y desarrollarse (además de generar recursos para la derrota definitiva de las tropas monárquicas). Su padre dejó la albañilería y cuando Alfonso recién cumplía los 10 años, partieron juntos a trabajar el mineral. Su madre se quedaría en La Serena por un tiempo con el compromiso de viajar al caserío de Arqueros para vivir ahí con su marido y su hijo, pero la tuberculosis se la llevó antes de tiempo en el otoño de 1843.

Participación en la Guerra Civil de 1851

Alfonso trabajó el mineral hasta que estalló la Guerra Civil de 1851, en que se intentaría derrocar al gobierno conservador a través de la revolución armada. El 20 de Abril de 1851 ocurre en Santiago el Motín de Urriola, un conato revolucionario provocado por los opositores al régimen de Manuel Montt y que sería sofocado rápidamente por los militares fieles al gobierno.

En La Serena, al enterarse de esta situación, Pedro Pablo Muñoz y los hermanos Antonio Alfonso e Ignacio Alfonso Cavada reunirían una organización revolucionaria que contaba con una milicia de 600 hombres llamada “La Sociedad de la Igualdad”, dentro de los cuales estaba Emilio González, un joven Alfonso González de 18 años y muchos otros cívicos y mineros, sin preparación militar alguna y que además no contaban con el armamento necesario para luchar. Esta sociedad batallaría junto a la “Sociedad Patriotica” formada por algunas personalidades ilustradas (Entre ellos José Miguel Carrera Fontecilla y Benjamín Vicuña Mackenna) ,miembros de la élite y soldados que se adherían al proceso. Pedro Pablo Muñoz reunía a sus adherentes en las afueras de la ciudad, en el Cerro La Cruz, organizando reuniones y planificaciones populares.

El 7 de Septiembre de 1851, la milicia de “La Sociedad de la Igualdad” armados de revólveres, puñales y garrotes se tomaron el cuartel general bajo gritos de “Viva la República” y “Viva la Igualdad”. Logran requisar 36 fusiles, pistolas y sables sin derramar una sola gota de sangre. De esta manera se inicia la revolución en La Serena.

“Fue en ese instante en que la insurrección se hizo general en todo el pueblo… Corrían por todas las veredas los soldados de la guardia nacional, los jóvenes de los colegios, niños vagos de la calle, viejos inválidos, grupos de campesinos a caballo, mineros que habían bajado a la víspera del pagamiento del sábado… los arrieros mismos y los vendedores de legumbres dejaban sus cabalgaduras y corrían por la vereda, haciendo sonar sus espuelas.” «Historia de los diez años de la administración de Don Manuel Montt». Pag 75 y 76. Benjamin Vicuña Mackenna

Sitio de la Serena, en que Alfonso participaría a los 18 años de edad.

Unos días más tarde, Emilio González se separa del joven Alfonso y participa de la confiscación a Charles Lambert del vapor Firefly y sube a bordo junto a otros hombres hacia Concepción llevando la noticia de la sublevación de la provincia de Coquimbo. Sin embargo, este hecho hizo participe del conflicto a la armada inglesa debido a que el Firefly llevaba bandera británica. Entre el 28 y 29 de septiembre, el Firefly es atacado y capturado por el vapor inglés Gorgon que bloquea el puerto de Coquimbo. La tripulación logra ponerse a salvo en tierra gracias a Emilio González que detendría momentáneamente a los atacantes, perdiendo la vida en dicha escaramuza. Nunca se recuperó su cuerpo y Alfonso se enteraría de este hecho casi un mes después.

Mientras el ejército de Benjamin Vicuña Mackenna operaba en Illapel. José Miguel Carrera Fontecilla había conseguido organizar en Ovalle una división de 600 hombres: 335 infantes, 65 jinetes, 60 artilleros y unos 150 hombres más entre oficiales, conductores de bagajes, etcétera. Dentro de estos hombres se encontraba el joven Alfonso que fue enviado por su padre a seguir a las tropas. Informados de que Santiago estaba desguarnecido, resolvieron operar sobre Aconcagua, reforzarse con civiles en San Felipe y proseguir a la capital.

El 28 de septiembre la división salió de Ovalle con rumbo a San Felipe (Alfonso partiría sin saber que ese mismo día su padre había fallecido heroicamente). El 9 de octubre, al llegar a las cercanías de Quilimarí; se reciben noticias de que el gobierno había organizado en Valparaíso, una división de 450 soldados de línea. Tres días después, con fuerzas de Los Ángeles, Putaendo y Petorca, el ejército del gobierno ascendía a la suma de 942 hombres, comandados por el coronel Juan Vidaurre… y venían hacia ellos con el fin de interceptarlos.

Carrera concibe entonces, la audaz resolución de dirigirse a Santiago, desviándose hacia el oriente por el Cajón de Las Vacas y tomando enseguida el camino de Tilama, Hierro Viejo, Petorca, con destino a San Felipe. Sin embargo, el coronel Vidaurre averigua el camino de Carrera y su ejército y cambia el rumbo para localizarlos. El 13 de Septiembre llega cerca de Hierro Viejo, donde el ejército revolucionario había acampado el día anterior. A la mañana siguiente, un grupo de avanzada los localizó y Carrera no tuvo otra opción que aceptar la batalla. El desastre del ejército restaurador fue totalmente inevitable. Tuvo 30 muertos, 42 heridos y 313 soldados y 30 oficiales prisioneros. Las bajas del ejército del gobierno fueron 5 muertos y 20 heridos (de los cuales, 1 muerto y 7 heridos fueron atribuidos al joven Alfonso antes de lograr huir y sobrevivir).

El 21 de Octubre, los sobrevivientes del ejército revolucionario regresaron a La Serena tras la desastrosa Batalla de Petorca. Alfonso se enteraría en el lugar de la muerte de su padre y pese a que la pena lo embargó, decidió seguir participando del conflicto. El ejército de Carrera empieza a organizar la defensa de la ciudad ante el inminente sitio del gobierno. 8 días más tarde, el 29 de Octubre, el vapor Cazador enviado por el gobierno llega a La Serena con el fin de proseguir la lucha armada. Alfonso decide entonces unirse a la milicia de hombres venidos de Ovalle y comandados por José Silvestre Galleguillos para defender la ciudad del sitio del gobierno.

Las tropas gobiernistas forman un cuartel en el edificio del Lazareto (ubicado actualmente cerca del Hospital de La Serena). Armados de obuses bombardean gran parte de la ciudad. El 5 de noviembre, los revolucionarios logran terminar las defensas de la ciudad consistentes en 9 trincheras, 3 fuertes y diez cañones. Ese mismo día el gobierno comienza a cañonear las defensas y luego a toda la ciudad, con el fin de que los habitantes sintieran miedo y se alejaran del lugar, sin embargo los ánimos de lucha en la población aumentaron.

Pese a que los oficiales del gobierno ofrecieron un armisticio a los sitiados, estos rechazaron la petición. Con la ayuda del joven Alfonso, el comandante Galleguillos logra neutralizar en “La portada” a 50 jinetes argentinos y un pelotón de fusileros que intentaban tomar la torre donde se guarnecían parte de los revolucionarios.

El 14 de noviembre, a las 9 de la noche comienzan a llegar a la Plazuela de San francisco la infantería del gobierno para atacar, sin embargo las Hermanas Montero logran dar aviso a los sitiados desde una ventana de una casa con un lienzo que decía: “El enemigo va a atacar las dos trincheras de San Francisco, son más de 300”. Los sitiados rápidamente dieron una gran descarga de balas sobre la infantería gobiernista, logrando que las tropas se replegaran en desorden. Desde este momento los ataques constantes entre revolucionarios y gobiernistas no se hicieron esperar.

El ministro de justicia da la orden de incendiar los puntos más vulnerables de la línea defensiva serenense. Los soldados sitiados no pudieron hacer nada para evitarlo y aprovechando el caos, los gobiernistas atacan las trincheras. Candelario Barrios e incluso José Miguel Carrera Fontecilla participan de la defensa logrando detener el avance, nuevamente Alfonso participaría en este hecho conocido como “El ataque del lúcumo de las Lozas”. Se dice que en la batalla, Alfonso le salvaría la vida al propio José Miguel Carrera Fontecilla, hijo de José Miguel Carrera.

El incendio abrió chances de un contrataque bestial del ejército gobiernista que se realizó el 25 de Noviembre, pero es repelido por las fuerzas sitiadas gracias al fuego de granadas. El ejército del gobierno, se retira con cerca de 30 hombres muertos y bastantes heridos. Los revolucionarios perdieron cerca de 20 hombres, algunos mutilados y muertos por los mismos cañones que reventaron durante la batalla.

Hacia el 8 de diciembre, los restauradores seguían resistiendo el sitio y el ataque gobiernista, mientras que los revolucionarios en Concepción son derrotados en Loncomilla. La Serena se convierte en el último punto donde la revolución continúa.

Los tiradores ubicados en la torre, ocasionaban muertes de los revolucionarios con cada día que pasaba. Ante el asombro de todos, el joven Alfonso propuso un plan y el sacerdote del lugar dio la venia para que se ejecutara; dispararon un cañón que de un solo tiro destruyó la viga de la enorme campana de la torre que cayó sobre los fusileros que no pudieron continuar sus tiros.

El 26 de Diciembre, durante unos días en que se acuerda la suspensión de hostilidades, estalla en Copiapó la Revolución de Bernardino Barahona que moviliza hacia el norte a gran cantidad de soldados mineros que defendían la ciudad. Alfonso parte con ellos y no volvería a la ciudad de su juventud nuevamente (Al menos no por el momento). La Serena con sus trincheras vacías, es ocupada por las fuerzas del gobierno, sin haberse logrado un armisticio entre ambos bandos. 

Batalla de Linderos de Ramadilla (1852) 

La noticia de la revolución en Copiapó llegó al cuartel de los gobiernistas en La Serena cuatro días después de consumada. El propio coronel Juan Vidaurre se quedaría con las fuerzas necesarias para mantener el orden en las provincias de Coquimbo y el resto de las tropas leales al gobierno marcharían a Copiapó para sofocar el movimiento revolucionario antes de que fuera demasiado tarde. Victorino Garrido, gobiernista a cargo de estas tropas desembarca sin oposición en Caldera. Tomó posesión del ferrocarril (recientemente inaugurado) y avanza a Linderos de Ramadilla, cerca de Copiapó.

Mientras tanto, Bernardino Barahona, líder de la revolución copiapina y que se trataba de un individuo hábil e intuitivo, se percató del sacrificio que significaba llevar a todos estos hombres sin preparación a una contienda con las tropas gobiernistas. De modo que en vez de atacar a Victorino Garrido propuso un acuerdo a través del diálogo; condición que la tropa no aceptaba, sólo querían pelear. Las negociaciones no prosperaron y el combate era inevitable.

El 8 de Enero, las tropas revolucionarias avanzan a Linderos de Ramadilla con 600 infantes, 150 jinetes y tres cañones. A las 17:15 Hrs comienza el ataque. Los hombres de Victorino Garrido fueron más y las tropas de revolucionarias fueron derrotadas. Sumado a una gran cantidad de prisioneros, hubo 60 muertos en el campo de batalla. Alfonso es tomado prisionero por los soldados gobiernistas.

Al día siguiente, Victorino Garrido y sus tropas ocupaban la plaza de Copiapó, para anunciar a los ciudadanos, que la revolución había terminado. 

Etapa Adulta (1852- 1883)

Inicios como pirquinero. (1852 - 1879)

Alfonso pasó cerca de 6 meses en prisión, y en su proceso de sobrevivencia al interior de las penosas cárceles de la época, se vincula con un grupo de maleantes que habían caído en cautiverio por diversos crímenes. Uno de ellos era un peligroso joven apodado Rancho, que a apenas tenía 12 años cuando se encontraba confinado en el lugar.

Alfonso y Rancho organizan un escape de la prisión que resulta exitoso, acabando con cerca de 15 guardias. Ambos abandonan Copiapó y se mantienen un tiempo viviendo en Caldera, en clandestinidad. Rancho decidiría marcharse a buscar oportunidades de aventuras con los otros prófugos y desaparecería de la vida de Alfonso por un tiempo y el joven de 19 años se pondría a trabajar como obrero por 2 años en la construcción y ampliación del Ferrocarril Caldera – Copiapó.

Hacia 1854 Rancho reaparece por Caldera y se reúne con Alfonso nuevamente. Este último, con 21 años de edad, comienza a acompañar a Rancho en algunas de sus correrías y no hay duda de que juntos realizaron varios delitos con el fin de propinarse dinero para la sobrevivencia y por qué no, la juerga. Hacia 1855, Alfonso y Rancho organizan junto a otros hombres el robo de 6 caballos en las afueras de Copiapó, pero el atraco salió mal y ambos se volvieron blanco de las autoridades. En esta época, Alfonso fue apodado “El picoteado” por sus pares, dado su carácter fiero y su personalidad huraña y conflictiva y ese fue el nombre con que las autoridades de todo el norte lo buscaron. Ambos decidieron partir a Bolivia y Rancho migró a Potosí para seguir con sus andanzas, Alfonso en cambio decidió avanzar hacia el norte.

En 1855 Alfonso llegaría a Mejillones donde entraría a trabajar en una Guanera y conocería a un quillotano cuya vida se entremezcla en leyenda; Su nombre era Juan López, conocido como “Chango López” que por esos años también se desempeñaba trabajando en el lugar. Juan López es conocido como el “primer habitante” o “fundador” de la ciudad de Antofagasta, pues fue el primero en desembarcar en un lugar que llamaría “Peña Blanca”. Juan era cateador, viajero y explorador por excelencia, recorría el desierto buscando riquezas y trabajando el mineral de manera precaria. Probablemente fue el “mentor” de Alfonso en estas correrías. Se cree que pasarían muchos años juntos trabajando en el lugar y vivirían grandes aventuras.

Grabado que representa al mítico "Chango López", mentor de Don Alfonso.
En estos años, los intereses extranjeros por los terrenos vinculados a las guaneras se hacían cada vez más fuertes y hacía 1862, cuando Alfonso tenía casi treinta años, juntos descubrirían depósitos de guano a cuatro millas de la costa. No obstante, los derechos de explotación fueron otorgados a su empleador el francés Juan Garday, lo que provocó la frustración de ambos. Peña Blanca comenzó a crecer y se convirtió en una pequeña caleta de desembarque y refugio para exploradores y viajeros. Alfonso aprendió en estos años mucho sobre la vida en el desierto, la vida minera y la extracción de guano. Este fosfato que sirve de fertilizante natural, parecía ser una riqueza exclusiva de Perú y Bolivia, pero cuando se descubrieron las guaneras de Mejillones el entusiasmo de los inversionistas y comerciantes de chilenos se desató.

En 1866, el Chango López se asentaría definitivamente en Caleta La Chimba (Peña Blanca) sin saber que estaba convirtiéndose en el primer ciudadano oficial de la futura ciudad de Antofagasta y sería el momento de la despedida. Como símbolo de su amistad, el Chango le regaló a Alfonso un Corvo que llamaría después con el nombre de “Berta” en recuerdo de un amor que dejó en Caldera.

Alfonso siguió trabajando de vez en cuando en las guaneras, de vez en cuando en las minas y de vez en cuando recorriendo el desierto en busca de riquezas. Establecería un romance con una mujer de Calama, de nombre Juana Padilla

Ese mismo año (1866) se descubriría la presencia de yacimientos de salitre en Antofagasta y los chilenos José Santos Ossa y Francisco Puelma obtuvieron la concesión de los terrenos autorizados por el gobierno boliviano. Formaron la Sociedad Exploradora del Desierto de Atacama y rápidamente, el sector de “La Chimba” comenzaría a poblarse.

Mientras que hacia el norte, las tierras de Iquique y Arica pertenecían en ese momento a Perú, gran parte del territorio de Antofagasta lleno de riqueza salitrera era explotada por capitales extranjeros instalados en Chile. El problema, es que estos suelos pertenecían a Bolivia. Esto provocó grandes diferencias entre ambas naciones, hasta que en el año 1866 se firmó un tratado, estableciendo el límite entre Chile y Bolivia y acordando que los productos obtenidos por la explotación minera y de guano serían repartidos entre ambos países.

En 1868 se constituyó la Compañía Melbourne Clark, tras la integración de intereses chilenos e ingleses. El presidente de Bolivia, Mariano Melgarejo encargó la fundación de “La Chimba” como poblado minero (en Octubre de ese año). Por supuesto, al año siguiente el lugar adquiría el nombre de Antofagasta. El crecimiento de la ciudad sería tan vertiginoso dada la explotación del salitre que tres años más tarde, la ciudad sería designada por el gobierno boliviano como puerto mayor, abierto al comercio de todo el mundo.

Sin embargo, en 1874 se firmó un nuevo acuerdo. Bolivia se comprometió a no subir los impuestos, durante 25 años, a las compañías chilenas que ya estaban instaladas en la zona. Ahora bien, en los años que vinieron, tanto Perú como Bolivia pasaron por importantes cambios políticos. Mariano Ignacio Prado asumía como presidente del Perú, mientras que el general Hilarión Daza se apoderaba de Bolivia. Este personaje, en 1878, aprobó una ley que aumentaba en 10 centavos el impuesto a cada quintal de salitre que se exportara, lo que violaba el acuerdo de no subir los impuestos establecido previamente con Chile.

El gobierno chileno se negó a pagar el impuesto, y Bolivia dio la orden de rematar las oficinas salitreras que estaban en manos chilenas, algo que provocaría inevitablemente una guerra. Esto, a los ojos de Hilarión Daza no era un problema, dado que Bolivia y Perú habían firmado un tratado secreto de mutuo apoyo en 1873.

Ante esta situación, el 12 de febrero de 1879, cuando Alfonso tenía 46 años, Chile rompió relaciones diplomáticas con Bolivia, y el 14, el día en que se rematarían las salitreras, tropas chilenas desembarcaron en Antofagasta (territorio boliviano) con el objetivo de impedir esta acción. Alfonso se encontraba en la ciudad.

Guerra del Pacífico (1879 - 1883)

Como las tropas chilenas llegaron a una ciudad en que la mayoría de los habitantes eran chilenos, no hubo resistencia alguna. El 1 de marzo Bolivia se declaró en estado de guerra contra Chile, interrumpiendo el comercio y las comunicaciones, expulsando a los residentes chilenos, embargando sus bienes, propiedades e inversiones. Luego, pidió que Perú entre de su lado a la guerra en acuerdo al tratado secreto de defensa mutua. Perú no tuvo opción que dejar la neutralidad y Chile le declaró la guerra el 5 de abril de 1879. 

Si bien el impuesto de los 10 centavos (que llevó a que los europeos conocieran el conflicto como “La Guerra de los 10 centavos”) parecía ser la razón principal, se entiende que la fuerza y relativa estabilidad de Chile en relación deterioro económico y la inestabilidad política que caracterizó a Perú y Bolivia después de la independencia, la vaguedad de las fronteras entre los tres países, sumando al descubrimiento de abundante salitre y guano en los territorios disputados contribuyeron a dar forma al conflicto.

Después de ocupar el puerto de Antofagasta, Severino Zapata y sus hombres y autoridades bolivianas se retiraron a Calama, en donde los hacendados y peones ya estaban armándose, pues sabían que los chilenos atravesarían el desierto para atacarlos. Alfonso, anteponiéndose al conflicto, robó un caballo en el sector que actualmente se conoce como “Baquedano” y cabalgó rápidamente a Calama con el fin de reunirse con Juana Padilla.

El ejército chileno decide ocupar el despoblado boliviano de Atacama, ya que era el principal centro de abastecimiento en medio del desierto, mientras alrededor de 130 civiles bolivianos, hacendados y peones ya se movilizaban, todos al mando de Ladislao Cabrera, forense de la zona.

500 soldados chilenos, a cargo del Teniente Coronel Eleuterio Ramírez Molina, llegaron en la madrugada del 23 de marzo de 1879 a Calama. Ahí se libró el primer encuentro armado de la Guerra del Pacífico, la Batalla de Calama. Los bolivianos no pudieron hacer frente a los soldados chilenos. De todos los civiles bolivianos, solo dos eran militares (ya retirados) y solo estaban armados con puñales, cuchillos y unas pocas armas de fuego.

Si bien Alfonso no participó directamente de esta batalla, logró llevarse a Juana Padilla de la ciudad en medio de la confusión. Ambos lograron salir de Calama, sin embargo Juana decide unirse al ejército junto a su hermano Raúl Padilla, asistiendo a las tropas en labores de salud y alimentación. Alfonso intentó persuadirla de que no lo hiciera, sin embargo ella se negó rotundamente. Los tres parten a San Pedro de Atacama junto al ejército.

Combate de Tambillo

Tras saberse el resultado de la Batalla de Calama, se movilizaron los civiles en Bolivia, formando diversos batallones. Uno de estos batallones bolivianos, la V División, emprende rumbo de Tupiza a Potosí, y permanecen en el lugar por algunas semanas con intenciones de retomar Calama, mientras gran cantidad de soldados chilenos estaban en San Pedro de Atacama. Sin embargo, casi no tenían implementos bélicos, uniformes o alimentos. Tras una penosa travesía por el desierto y la pampa, ocuparon Chiuchiu (camino a Calama) el 25 de noviembre de 1879; pero tras un tiroteo entre ambas tropas en el lugar, se replegaron, cancelando inicialmente el plan de retomar la ciudad.

El 3 de diciembre, dos soldados chilenos (entre ellos Raúl Padilla, hermano de Juana) deciden ir a realizar un recorrido de reconocimiento por la zona. Alfonso los acompaña a petición de Juana para asegurar la seguridad de Raúl, por lo que toma un uniforme de soldado chileno y se encamina junto a ellos. Esa noche, los tres hombres se topan con las fuerzas bolivianas refugiadas al norte de San Pedro de Atacama; Raúl Padilla fue muerto de un disparo, el otro soldado capturado y Alfonso logró huir a duras penas de la emboscada.

Alfonso logra llegar a San Pedro y logra informarle lo sucedido al Tte. Emilio Ferreira, comandante de la guarnición chilena de San Pedro de Atacama. Juana Padilla no puede creer la muerte de su hermano y Alfonso le confiesa que no pudo hacer nada, eran tres contra un batallón.

El Tte. Emilio Ferreira, despliega a sus 23 hombres en el desfiladero de Tambillo, legua y media al norte del pueblo, pero son sorprendidos por las tropas bolivianas anticipadas al ataque. Si bien se pidieron refuerzos, tras un tiroteo de algunos minutos los chilenos son derrotados, sin poder hacer nada contra los soldados bolivianos y Ferreira decretó la retirada. Los soldados chilenos fueron fácilmente sableados o capturados. Alfonso, al ver la inminente derrota, toma su caballo y regresa rápidamente a San Pedro para buscar a Juana. Únicamente el Teniente Ferreira y tres soldados, lograron huir.

Tras el combate, las fuerzas bolivianas llegan a ocupar San Pedro de Atacama y acaban fácilmente con los soldados restantes. Pese a que Alfonso luchó como nunca antes, e hirió y despachó a un buen contingente de soldados él solo, sería herido por un sablazo en el estómago. Nunca más volvió a ver a Juana Padilla.

Tras tomar San Pedro de Atacama, los soldados bolivianos piden refuerzos para reafirmar su posición, al no recibir respuesta y tras realizar un corto reconocimiento hacia el sur opta por retirarse hacía Bolivia. Los refuerzos chilenos que había solicitado Emilio Ferreira, llegan a San Pedro cuando ya había finalizado el combate. Los bolivianos se habían retirado y solo ven la destrucción dejada por los soldados. Hubo un sobreviviente del ejército; Alfonso González.

Campaña de Tacna y Arica

Luego de ocupar el territorio de Tarapacá (hasta ese entonces boliviano), el comercio del salitre chileno siguió funcionando de mejor manera pudiendo solventar la guerra. Santiago buscaba la posesión de las salitreras de Tarapacá y buscaba asegurarlas invadiendo el departamento de Moquegua para tomar las provincias de Tacna y Arica.

Alfonso fue enviado a Calama y alrededor de 15 días más tarde ya se sentía recuperado. Su herida había sido profunda y había perdido mucha sangre, pero se curó rápidamente. Furioso por la pérdida de Juana y pese a que recibió el ofrecimiento de abandonar la tropa, Alfonso partió por su cuenta hasta Iquique, recientemente tomada por el ejército chileno tras la Batalla de Dolores. Se dice incluso que desde entonces, si bien participó del ejército activamente no recibía órdenes de nadie y aparecía y desaparecía constantemente del territorio de guerra, información que no se ha podido confirmar.

Las fuerzas peruanas estaban fortificadas en Tacna y Arica. El comando chileno decidió no cruzar el Desierto de Atacama por lo que optaron por viajar en barco a Ilo, desembarcando el 31 de diciembre de 1879. Alfonso se une a la I División en una expedición con rumbo a Ilo y Pacocha para enfrentar al emplazamiento peruano en Moquegua, más concretamente al “Batallón Lautaro” bajo el comando del Teniente Coronel Arístides Martínez. El 1 de enero de 1880, el pueblo fue entregado a las tropas chilenas sin resistencia. La expedición retornó a Ilo el 2 de enero, para posteriormente zarpar hacia Pisagua.

Abandono de la Guerra.

Tras tomar Ilo y Moquegua, se organiza una nueva expedición, esta vez a Mollendo (Marzo 1880), en la costa del departamento de Arequipa. El plan era destruir los ferrocarriles utilizados por los peruanos para el traslado de tropas y armamentos. Alfonso entonces, decidido a partir allá donde hubiese lucha, se une al Regimiento 3.º de Línea al mando de Orozimbo Barbosa. Los soldados peruanos en Mollendo (alrededor de 100) deciden retirarse ante la superioridad numérica, para no repetir la catástrofe sucedida en la toma de Pisagua (Que fue incendiada a causa del bombardeo y del combate).

En Mollendo quedó el Regimiento 3º de Línea en que estaba Alfonso, pero los oficiales no lograron contener el saqueo de mercancías y licores, lo que provocó que soldados chilenos ebrios se desparramaran por la población cometiendo una serie de tropelías contra sus habitantes y propiedades. Todo esto mientras Alfonso seguía avanzando hasta la estación de ferrocarril ubicada entre Tambo y Mejía donde le atacó la guarnición que al principio se había retirado. Tras un ligero combate, las tropas chilenas se retiraron llevando prisioneros; al pasar por Mejía, destruyeron la línea del ferrocarril como estaba pactado para después regresar a Mollendo

Al retorno, todos vieron el bacanal ocasionado por los soldados chilenos entre las llamas, los abusos, las muertes y las violaciones perpetradas por soldados chilenos. Barboza ordenó el reembarque del Regimiento 3.º de Línea, pero 80 soldados desertaron y continuaron con los desmanes. El 12 de marzo, la expedición chilena regresó a Pacocha, donde arribó el día siguiente, pero con ellos no venía Alfonso. Los abusos de los soldados contra los civiles bolivianos cambió la visión que tenía del conflicto, mientras sus compañeros morían cumpliendo la misión del ferrocarril, ellos se emborrachaban y abusaban de otros sin detenerse. Alfonso se preguntó el "por qué" de su lucha, y no se pudo dar una respuesta. Ahora el conflicto de la Guerra del pacífico, era un verdadero sin sentido.

Desde ese momento decidió que, de volver a luchar algún día, sería por si mismo y por nadie más.

La guerra concluyó oficialmente el 20 de octubre de 1883. Las provincias de Arica y Tacna quedaron bajo administración chilena por un lapso de 10 años. No fue hasta 1929 que se firmó el Tratado de Lima, que decidió que gran parte de la provincia de Tacna fuese devuelta al Perú mientras que de Arica hacia el sur, todo pasaría a manos chilenas.

Etapa Tardía (1880 - 1910)

A inicios del siglo xx, la chilenización se hizo más intensiva y compulsiva, más aún hacia el centenario de la Independencia de Chile. La paz entre Chile y Bolivia fue firmada en 1904. Tras su victoria, Chile tomó posesión no sólo de una importante extensión territorial, sino también de enormes depósitos salitreros, guaneros y cupríferos que generó un auge en la industria.

En posesión de los territorios, el gobierno chileno resolvió dejar en manos privadas la explotación del salitre, pero el estado aplicó un elevado impuesto de exportación que le generaba cuantiosos recursos. Los empresarios favorecidos por la "reprivatización" de las oficinas salitreras, fueron mayoritariamente ingleses que potenciaron la industria y generaron la llamada “era de oro del salitre”. Chile se enriqueció y la proliferación de "nuevos ricos" se hacía sentir en Santiago.  

Entre el período de 1880 a 1890 se desconocen las andanzas de Don Alfonso. Se dice que vagó durante 10 años por el desierto (entre Perú, Bolivia y Chile) trabajando como cateador profesional, de vez en cuando reuniéndose con Rancho y otros maleantes para hacer de las suyas. Es innegable que volvió a participar en asaltos y robos ocasionales con el fin de conseguir dinero en los tiempos más difíciles (a diferencia de Rancho que lo terminó haciendo por profesión). Es durante este período que se hace de una antigua y resistente pica de hierro que bautiza con el nombre de “Juana”.

En 1894, cuando cumplía los 61 años, decide volver a Antofagasta por un tiempo, haciendo buenas migas con un hombre llamado Rodolfo “Calicho” Peña, minero de profesión que por esos años cumplía los 37. Trabajaron juntos un par de veces en algunos oficios menores y entablaron en corto tiempo una buena amistad (mucho más tangible que la supuesta amistad que tenía con Rancho). En esa época los frutos de la bonanza salitrera en las oficinas establecidas por los ingleses se hacía notar. Muchos trabajadores decidieron migrar y buscar un sitio en la industria del salitre, con la esperanza de optar a una vida mejor. Entre ellos el propio Calicho Peña que decidiría partir a la Oficina Asturias (Al norte de Humberstone) a probar suerte. La invitación a Alfonso no se haría esperar. Alfonso, incrédulo y orgulloso de vivir una vida “sin patrón” rechaza la invitación a trabajar en la salitrera. 

Si bien se consideraba muy viejo como para empezar de nuevo en la industria salitrera, algo le hacía pensar que no todo era tan lindo como se pintaba. Efectivamente, pese a los ingresos gigantescos que las oficinas salitreras generaban en el país, la explotación del salitre tuvo una orientación pre-moderna basada en unidades productivas dispersas y de baja tecnología; además, la explotación y las bajas condiciones laborales de los obreros del salitre se hacían sentir y Alfonso, por su testarudez se mantuvo al margen de este proceso.

Gracias a estos recursos, Chile entró en una etapa de modernización constante.

Entre 1895 y 1910, suponemos que Alfonso continuaría con sus prácticas erráticas. Viajando por el desierto solitario, buscando riquezas y participando de vez en cuando en uno que otro atraco con Rancho y sus compinches. No existe información adicional sobre su paradero o sus aventuras, pero sabemos que el nombre de “El Picoteado” se convertiría en leyenda por aquellos años, muchos le temían, así como muchos querían su cabeza. Se volvió un verdadero forajido del desierto.

Se cuenta una anécdota que lo involucra y que ocurriría en algún momento entre 1907 y 1910; Cierta vez, estando en Antofagasta, ambos se enamoraron de Lucrecia, una mujer que atendía una posada en el pueblo. Si bien Alfonso utilizó sus encantos para seducirla, la mujer decidió quedarse con Rancho. Sin embargo, este la desecharía rápidamente y cuando Don Alfonso se enteró del hecho, lo consideró razón suficiente para terminar su relativa amistad, por lo que dejaría el pirquinaje por un tiempo, con el fin de encontrar a Rancho y hacerle pagar su deshonra.

Fotografía del Cruce de los Andes. Se cree que el personaje central es el propio Don Alfonso.

Viaje por Chile (1910 - ???)

Hacia 1910, cuando Alfonso ya iba por los 77 años de edad, convertido totalmente en un anciano solitario, aguerrido y obsesionado por encontrar riquezas, decide recorrer el desierto en busca de su antiguo amigo Rancho, con el fin de hacerle pagar por su traición a Lucrecia.

Nada en este hombre le hacía pensar que su vida iba a cambiar repentinamente con un sencillo encuentro en medio de la nada; cierto día descubre a dos niños durmiendo en medio de la pampa; Damián Cornely, un joven aspirante a arqueólogo proveniente de la capital y un pequeño y extraño personaje llamado Auki Capaq, que sin que Don Alfonso lo advirtiera, se trataría de un príncipe inmortal que acababa de ser liberado de su prisión mágica. En el lugar, decide ayudarlos dándoles un poco de charqui y mate, permitiendo que pudiesen sobrevivir.

Poco tiempo después, no solo volvería a encontrarse a estos jóvenes, sino que también encontraría a su rival de juventud Rancho que se encontraba refugiado en la Oficina Salitrera de Chapiquiña, abandonada tras la guerra y que ahora le servía de escondite a él y a su banda de rufianes; Bruno Guerra, Salomón, El Colorao y El Minero... 


Mecanismos de Defensa

Gracias a sus viajes y aventuras, Don Alfonso aprendió a establecer sus mecanismos de defensa en base a su gran fuerza física y habilidades de combate cuerpo a cuerpo. Utiliza una pica (Juana) y un curioso corvo (Berta) como armas de ataque y defensa, que lleva anclados y ocultos bajo su poncho. La pica es de uso frecuente como herramienta y arma, el corvo, en cambio, es utilizado solo en casos de extremo peligro.

(Pronto más información) 


Sexo Masculino
Fecha de Nacimiento y Muerte Abril 1833 -- ???
Edad
77 al inicio de la historia.
Lugar de Nacimiento La Serena. Chile.
OcupaciónPirquinero, Cateador, Minero, Guanero, Maleante Ocasional.
Residencia Sin residencia permanente conocida.
Familia
  • Emilio González (Padre)
  • María del Carmen (Madre)
Primera Aparición
  • Episodio 02 - Pagina 11
Lugares Visitados
Previo al inicio de la historia:
  • Zona Norte Grande.
  • Zona Norte Chico.
  • Zona Central (hasta Petorca)
A partir de 1910:
  • Oficina Chapiquiña. Chapiquiña. Chile.
Habilidades conocidas
  • Gran desempeño a la hora de excavar y catear minerales.
  • Grandes habilidades de lucha cuerpo a cuerpo. Además de uso de Pica y Corvo.
  • Gran fuerza física.

Curiosidades

  • Si bien el personaje de "Don Alfonso" es totalmente ficticio, su apariencia está basada ligeramente en el abuelo paterno del autor; Alfonso González.

Referencias

  • Vicuña Mackenna, Benjamín  (1862). «Historia de los diez años de la administración de Don Manuel Montt»-
  • Barros Arana, Diego (1881a). «Historia de la guerra del Pacífico» (1879–1880).
  • Grez Tozo, Sergio (1998). «De la "regeneración del pueblo a lahuelgageneral :génesis y evolución histórica del movimiento popular en Chile» (1810-1890).

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